Está nervioso. Vira la cabeza de un lado a otro tratando de encontrar una respuesta
a su problema. Su mente es un lío, una mezcolanza de duda y olvido. Está
perturbado hasta los huesos, no es para menos, quizá si la noche anterior se
hubiera manifestado un milagroso ángel de la guarda, incluso si no fuese el
suyo, tendría más posibilidades de sortear su tribulación. Lamenta ser tan
estúpido y distraído. Había ya una condena si volvía a fracasar, esa amenaza le
roza la piel, las orejas, escabulléndose entre los que podían llamarse ojos de
cuy agitado. Sin embargo, pese a todo ello, está empecinado en no hundirse, ya
sea por un medio o por otro, al fin y al cabo, para él, no son los caminos importantes
sino el destino. Esta es siempre una motivación arriesgada pues es posible incurrir
en una grave falta que difícilmente desaparecerá, antes bien, acompañará al
desgraciado hasta el fin de sus días, hincándole con la saeta de la ética en el
lugar más recóndito del alma. Al menos, por ahora, eso no parece importarle,
seguro ni calcula los futuros remordimientos, solo gira la cabeza alrededor del
cuello levantado para acumular más oxígeno y, lo más importante, observar el
paisaje circundante con facilidad. Cualquiera que lo viese sabría cuáles son
sus oscuras intenciones, mucho más si lo conociera de antemano, pero se necesitan
pruebas para inculpar a toda persona, cosa que aún no ha sucedido. Esto lo sabe
el juez ubicado en la parte posterior, esperando solamente capturar al
miserable en flagrante delito para aplicarle todo el peso de la ley. No cabe
duda que tarde o temprano la autoridad deberá actuar para imponer el orden que
el muchacho pretende vulnerar. Mientras tanto, él no se da cuenta de que
alguien lo atisba cuidadosamente desde las sombras, no tiene tiempo ni cerebro
para ocuparlos en algo que no sea su único fin, la consecución de su sublime e
inmoral objetivo. Detecta algo a su lado izquierdo, parece que lo ha
conseguido. Halla el objetivo, agudiza la vista buscando aquello que tanta
falta le hace, no quiere dejar ir la oportunidad. Examina cada parte de lo que
ve, no piensa que hay un futuro o hubo un pasado, lo único que lo complace es
gozar de su presente victorioso. Prosigue. Los pasos siguientes son fáciles de
realizar comparados con la complejidad de ubicar correctamente la presa. Vuelve
a la carga. Está ávido de información, la búsqueda dio resultado y es
inevitable regodearse con el botín. Ya no existe manera de detenerse, el mundo
el suyo, el placer desmesurado al verse tan dichoso lo corroe y enloquece.
Empero, tal vez ese fue su error, verse tan afanoso por alcanzar la meta y no
detenerse cuando ya se la ha alcanzado. Su apetito inconmensurable de gloria ajena
lo ha llevado al abismo. Ya es tarde, no hay retorno ni manera de excusarse. La
profesora se acerca y… ¡fuera!: “Retírese por favor, su examen está anulado”.
Por: Kattya Ramírez En el libro que hemos estado estudiando en el último post “El Millonario de la Puerta de al Lado” hicimos un estudio sobre las personas millonarias. Ahora veremos cómo influyen nuestros hábitos sobre nuestra capacidad para acumular riqueza. La prensa popular y sensacionalista influye en nosotros. Los medios de comunicación nos bombardean continuamente con historias de famosos con vidas perfectas, futbolistas millonarios, cantantes pudientes, etc. Analicemos la situación es general. Si un futbolista de élite gana 5 millones de dólares al año, que tenga un patrimonio neto de 1 millón de dólares, no es la gran cosa. Si dicha persona tiene 30 años, con un ingreso de 5 millones de dólares anuales debería tener un patrimonio de 15 millones. ¿Cuántos de esos deportistas tienen este patrimonio? Muy pocos. ¿Por qué? La mayoría de ellos llevan una vida de lujo (despilfarro). Es ahí en donde la propaganda quiere guiarnos. Enseñan que el que tiene mucho debe gastar...

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